










Idus y calendas, todo se pasa en ofrendas
Iglesia, o mar, o casa real, quien quiere medrar
Iguales como cabos de agujetas
Ir a la guerra ni casar, no se ha de aconsejar
El refrán que ni ir a la guerra, ni casarse, son eventos que deban recomendarse a alguien, porque son acciones de gran riesgo, dificultad y consecuencias impredecibles, implicando peligro de muerte, inestabilidad y conflictos. Es un consejo de prudencia que desaconseja estas dos grandes decisiones vitales, a menudo comparadas con la navegación, otra actividad peligrosa mencionada en variantes del refrán, como "Ir a la guerra, navegar y casar, no se ha de aconsejar". Significado Detallado: Ir a la guerra: Implica un riesgo de muerte fácil y un gran sufrimiento, siendo una actividad que no se desea para nadie. Casar (casarse): Se considera una empresa difícil y problemática, asociada a conflictos, celos y compromisos que pueden traer infelicidad, según la perspectiva tradicional del refrán. La conclusión es que, por los peligros inherentes, uno debe abstenerse de recomendar estas dos acciones a otros, aunque existan variantes que añaden la navegación, que también implica peligros marítimos. En esencia, el refrán es una advertencia sobre la importancia de la prudencia ante decisiones trascendentales que pueden alterar radicalmente la vida de una persona
Ir con los pies de plomo
¿Por qué utiliza este dicho popular el plomo en los pies? porque el plomo es un metal muy pesado, y si lo tuviéramos en los pies, por ejemplo unos zapatos de plomo, andaríamos mus despacio, que es lo que se intenta avisarnos. Ir con pies de plomo significa pues tener mucha cautela al hacer las cosas, ir con mucho cuidado, no precipitarse nunca, pues en ocaciones conviene ir despacio, paso a paso, de forma delicada. Hay muchas veces que hay que ir con mucha precaución al hacer algo, por la importancia que tiene o sus posibles consecuencias, y es en esas ocasiones en las que se dice que hay que ir con pies de plomo.
Ir hecho un Ecce Homo
Se emplea la frase de ir hecho un Ecce Homo cuando la persona a quien se le dice va muy desaliñado, mal vestido, despeinado, mal afeitado..., hecho un desastre vamos. ¿De dónde nos llega esta expresión popular? pues se trata de la frase que según el Nuevo Testamento pronunció Poncio PIlato, gobernador romano en Judea, al presentar a la muchedumbre al reo llamado Jesús de Nazaret, para que fuese indultado o condenado y cuyo significado es "este es el hombre", y el hombre fue presentado al parecer tras duros interrogatorios, azotado para lograr su confesión de lo que se le acusaba, con la corona de espinas y casi desvestido... El aspecto del mismo colaboró a crear la frase en el sentido del desaliño y mala presentación que a veces ofrece la persona que no se cuida su aspecto exterior.
Irse con la música a otra parte
Cuando alguien se va con la música a otra parte en una reunión, suele significar que se marcha de la misma, ya que se da cuenta de que por algún motivo sobra de donde está (por lo que dice o por lo que hace) y decide ausentarse. Tanto es así que alguien que está diciendo algo que no es compartido por el resto puede decir, bueno, me voy con la música a otra parte, indicando con ello que se da cuenta de que como lo que dice no es aceptado, mejor es que se vaya. También podemos decir a alguien se vaya con la música a otra parte cuando queremos que alguien se vaya, porque molesta lo que hace o dice, y le invitamos de una forma un poco más elegante o solapado que con un simple «vete de aquí». Así, le diríamos algo como «es mejor que te vayas con la música a otra parte». Su origen se remonta a los músicos y cómicos ambulantes que debían irse a otro lugar cuando su actuación no era apreciada.
Irse por los cerros de Úbeda
Esta expresión tan española se basa en un hecho histórico. Cuando alguien se va por los cerros de Úbeda significa que, o bien empieza a divagar, empezar hablando de un tema y terminar hablando de otro muy diferente sin llegar a saber muy bien cómo se ha llegado a ese punto, o bien se intenta evitar responder a una pregunta directa hablando sobre otra cosa no relacionada, estrategia que dominan a la perfección la mayoría de los políticos, también conocida como «salirse por la tangente»). El hecho histórico que parece ser que fue el origen de esta expresión es este: Allá por el siglo XII, durante la Reconquista Española, cuando las tropas del rey Fernando III estaban a punto de atacar Úbeda (una ciudad cerca de Baeza, en la provincia de Jaén), uno de los capitanes del ejército desapareció antes de que empezase la lucha y justamente después de la conquista, reapareció. Cuando le preguntaron que dónde se había metido durante toda la batalla él alegó que se había perdido por los cerros de Úbeda y desde entonces dicha frase se asoció primero a la cobardía y poco después a los significados anteriormente descritos.
Ir por lana y volver sin pluma
Es una variación de un refrán popular más común: "Ir por lana y volver trasquilado". El refrán significa que alguien que intenta obtener una ganancia o ventaja acaba sufriendo una pérdida o perjuicio inesperado. La persona sale perjudicada o defraudada en su intento, volviendo con las manos vacías o peor de lo que se fue. El dicho tiene un origen relacionado con la ganadería ovina. Antiguamente, los pastores a veces juntaban sus rebaños para protegerse. Los carneros, buscando aparearse, podían meterse en rebaños ajenos. Dado que las ovejas se esquilaban regularmente, si un carnero se quedaba en otro rebaño, era esquilado junto con las demás. Al regresar a su rebaño original, su dueño había perdido un bien valioso (la lana), por lo que el carnero volvía "trasquilado" (esquilado de forma descuidada o sin orden, o simplemente sin su valiosa lana). La variante "volver sin pluma" se cree que es una alusión humorística o un cambio jocoso del original "trasquilado", mencionado incluso en obras clásicas como La Celestina.
Ir romera y volver ramera
Refrán popular español lo encontramos documentado en la literatura española, notablemente en obras del Siglo de Oro como el Libro de entretenimiento de la pícara Justina, donde se explora la figura de la mujer "libre y de mal vivir" y el discurso del viaje. Refleja una visión social tradicional y misógina de la época en que surgió, que desconfiaba de la libertad de las mujeres y asociaba su autonomía fuera del hogar con la pérdida de la castidad y el honor, y se utilizaba para expresar la idea de que una persona, especialmente una mujer, que sale con la intención de participar en una actividad social o religiosa honorable (una romería), acaba perdiendo su virtud, honor o reputación (convirtiéndose en ramera). El refrán utiliza un juego de palabras basado en la similitud fonética entre los términos "romera" y "ramera". El sentido del refrán es una advertencia o un comentario cínico sobre los peligros morales de salir al mundo sin supervisión o sobre la hipocresía, sugiriendo que bajo la apariencia de piedad o buenas intenciones, se pueden esconder o desarrollar comportamientos inmorales.